domingo, 1 de abril de 2012

Reflexiones 2


¿Es este el perfil de un perfecto Dominante? Creo que no. La perfección es algo que todos nos esforzamos por obtener, pero que nunca alcanzamos. Es la lucha por encontrar la perfección lo que crea a un buen Dominante. No existe una única descripción para un buen Dom, del mismo modo que la belleza depende del ojo que observa, sin que haya un punto de vista equivocado, sencillamente diferentes. Todo lo que se puede llegar a afirmar es que un buen Dominante debería tener buenas cualidades, las cuales incluyen la fuerza de ánimo, habilidad, confianza, control, capacidad de aprendizaje, y la claridad mental para reconocerse a sí mismo que también debe crecer. Él debe saber amar, motivar, ser Honorable y caballeroso. Él debe demostrar respeto por las personas de su misma tendencia y demostrar a los demás el mismo respeto que desea para sí mismo.

EL DOMINANTE DEBE ESTAR SEGURO DE SÍ MISMO, Y SABER QUE ESO NO SE BASA EN MIRAR A LOS DEMÁS DESDE ARRIBA. Debería estar seguro de sus Ideales, pero siendo consciente de que su camino no es el único existente. Él debe permitir que los demás sigan su propio camino, sin importar cómo de diferentes o ridículos sean. Si él es testigo de una equivocación, o de un posible peligro, intentará corregirlo o prevenirlo, pero sin presionar desde su punto de vista, sólo expresando su opinión y ofreciéndose para ayudar si es preciso.

ÉL CONOCE LA DIFERENCIA ENTRE CASTIGO Y JUEGO, ENTRE EL DOLOR Y LA SENSACIÓN. Nunca abusa de su poder con ira. Nunca exterioriza frustración u hostilidad en una escena. No utiliza el regalo de la entrega para descargar su ira, e intenta aislarse de las preocupaciones cuando tiene a alguien a su merced. Él sabe que para dominar a otras personas debe controlarse a sí mismo.

Puede ejercer su "arte" para ayudar a su sumisa a ser la mujer que siempre ha deseado ser. Él toma el regalo de la sumisión seriamente, sabiendo que no fue ofrecido a ciegas o a la ligera. Siempre recuerda cómo de valioso es ese regalo, qué especial es, qué bello es. De ella ha obtenido algo que no puede exigirse, que ha de ser ofrecido, el regalo de sí misma, su alma, y el Dominante debe mimar ese regalo, como una joya.

La sumisa debe ser firme en sus convicciones. Ella se ofrece libremente al Dominante, conscientemente. Ella ofrece el regalo de su sumisión a cambio de Su amor, conocimientos y protección. Ella obedece porque ella lo ha escogido, no porque haya sido obligada.

Ella viene a él como una mujer, pero habitualmente insegura, buscando un guía, buscando aprender rápido lo que se espera de ella. Con este aprendizaje, y según la forma en la que Él se abre a ella, comienza a ofrecer más de si misma, de su alma, de sus secretos, compartiéndolo mutuamente. No existe una pérdida de poder, nadie le arrebata el control, ella lo ofrece voluntariamente. Esto requiere de un inmenso nivel de confianza, que se va adquiriendo con el buen hacer de su Dominante.

La "Educación" (o Doma) es sólo el proceso de aprendizaje por el cual ella conocerá cómo complacer mejor los deseos de su Dominante. Quizá deba aprender a cómo arrodillarse, cómo referirse a Él, cómo sentarse, etc. Ella aprenderá todas estas cuestiones porque desea hacerlo, para satisfacerle en todo lo posible. Incluso la más infantil de las sumisas desea aprender qué se espera de ella y qué límites existen.
Muchas personas aseguran que el control lo posee únicamente la parte Dominante en la relación, y de alguna manera es así, pero en una relación consensuada el Dominante conserva el control sólo hasta los límites en los que la persona sumisa lo ofrece. Él puede tratar de ampliar el horizonte, dado que para el placer de ambos ella debería ser capaz de caminar más lejos, por duro que sea. Sin embargo ella siempre debe tener el derecho de negarse, de detener una escena, de manifestar su disconformidad. Por lo tanto yo me pregunto... ¿Quién posee el control entonces?

Se dice que las personas sumisas no tienen responsabilidades, que es el Dominante el que las asume por completo. Sin embargo... observándolo con profundidad vemos otra cosa. Muchas de las responsabilidades de una sumisa son tan sutiles que pueden ser pasadas por alto. Ella debe complacerle, ella debe comportarse como Él desee, ella es fiel reflejo de la capacidad de Él, ella debe cuidar Su Honor, de la misma manera que Él la protege a ella.

Ella debe tener Fe y Confianza en su Dom, en el momento que ha demostrado que es digno merecedor. Ella necesita la fuerza de voluntad de Él para no olvidar que actua en pro de su propio beneficio, para crecer como persona y como sumisa, y estar dispuesta a hacerlo sin vergüenza, hasta sus límites, como Él desee. Esto es lo que un Dominante quiere, y lo que ella desea. En modo alguno debe ser una obediencia ciega, es para el mutuo placer.

En ocasiones el Dominante puede llegar a ver que su sumisa puede ir más lejos de lo que él pensaba, y con el uso de las palabras de seguridad puede hacerla navegar por el área peligrosa de los límites. Para estos inicios, en cualquier relación, es importante conocer con claridad cuales son los límites explorables, y cuáles no, y tomar esa investigación con calma y prudencia. Es muy aconsejable utilizar una palabra o código de seguridad, para evitar que la confianza se rompa.

El uso de una palabra de seguridad debería ser pactada en cualquier nueva relación en la que la confianza y comprensión aun deben crecer. Con el tiempo, y el mutuo conocimiento, es posible que ambos puedan alcanzar un punto en el cual el Dominante conoce hasta dónde puede llevar física, mental y emocionalmente a su sumisa, sin que resulte un peligro.

La palabra de seguridad es una buena red de seguridad incluso una vez alcanzado este punto, porque un buen Dominante valora el uso de ese código cuando explora un nuevo territorio, aunque se entre ambos ya exista una confianza absoluta. El buen Dominante sabe que no es capaz de leer mentes, por muy bien que conozca a su sumisa.

La sumisa tiene un maravilloso rol para vivir con un Dominante adecuado. Con Él ella podrá crecer emocional y mentalmente hasta donde desee, aprendiendo a amar libre e incondicionalmente, encontrando el verdadero poder en su interior. El Dominante se convierte en el Hombre, disfrutando su honorable papel de Maestro, Poeta, Guerrero y Protector. Ambos, juntos, se embarcan en un viaje que les llevará más allá de convencionales conceptos sociales, traspasando los límites de la sociedad, el tiempo y el Universo.


Fuente: Cuadernos de Bitácora BDSM. De Nostromo

1 comentarios:

  1. Aún no sé si soy sumisa o no, estoy descubriéndome. Gracias por hacerme ver si el amo que me enseñó esta nueva faceta puede ser el mío.

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